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Andrés Avelino Cáceres es la encarnación misma
del alma nacional. Conjunto ideal del Cid, de Leonidas, de Pachacutec,
Túpac Amaru y Vilcapaza. Personaje de leyenda. Llamado épicamente
el "Brujo de los Andes"
Los vientos andinos de la quieta y señorial ciudad de Ayacucho
vieron nacer el 10 de noviembre de 1836 a Don Andrés Avelino
Cáceres; su nombre es sinónimo de peruanidad y todas
las virtudes de un auténtico guerrero.
En una casona ayacuchana desbordante de afecto, fue que sus padres.
Domingo Cáceres y Justa Dorregaray, alentaron a Andrés
Avelino los más altos valores morales. Sus primeros años
de infancia los compartió con los niños indígenas
llegando a dominar el quechua y a comprender el cuadro social y
la peculiar sicología del poblador andino.
Las primeras lecciones las recibió en su propio hogar,
luego ingresaría al Colegio de Ciencias de San Ramón,
destacando en los cursos de Historia y Geografía, donde las
lecturas de antiguos gobernantes y guerreros se asociaron a su inquietud
juvenil, naciendo así su afición por las armas.
Mientras Ramón Castilla abrigaba la causa de abolir la
esclavitud y el tributo indígena. Cáceres ingresaría
en 1854 a formar parte del Batallón Ayacucho con el grado
de sub-teniente, bajo las órdenes del general Fermín
Castilla, definiendo así el camino de su vida.
En 1876 Andrés A. Cáceres le abre las puertas al
amor e ilusionado por el deseo de cumplir una promesa de matrimonial,
se une en nupcias con Antonia Moreno Leiva, dama iqueña que
contaba con 28 años; él condecorado ya con varias
heridas, lucía la imponente apostura de sus 40 años,
ambos enlazaron su destino en la Parroquia de Santa Ana.
Iniciada la guerra con Chile el Coronel Andrés A. Cáceres
comandaba el Batallón Zepita con el cual se encumbraría
hacia lo más alto de los Andes a encontrar la victoria.
En la campaña de La Breña, demostró la voluntad
inquebrantable de un pueblo, que aún ineme, demostró
que no se rendía ante un enemigo que tenía todas las
de ganar. La Campaña de La Breña que organizó
y dirigió Cáceres con heroísmo y desinterés,
es el símbolo de la resistencia y el patriotismo de los peruanos
en esta infausta contienda. Supo convertir la causa militar en causa
nacional al transformar la resistencia en la más masiva participación
popular en defensa de la soberanía. Por esa razón
era llamado el "Taita", en su relación con el hombre
andino.
En 1885, Cáceres quedó encargado del Poder Ejecutivo;
y en las elecciones fue ungido como Presidente de la República
hasta el 10 de agosto de 1890, demostrando entonces su respeto a
la ley. Renunciando ante el Congreso a su cargo de General de Brigada,
es reelegido el 10 de agosto de 1894 y renuncia al cargo el 19 de
marzo de 1895.
En el acontecer político, mantuvo bajo su figura bizarra
una actitud cabal, concitando el respeto que sólo reconoce
a los personajes tutelares, por lo que fue nombrado en 1919 con
el Bastón de mariscal; y cuando vivía su descanso
legendario se apagó su aliento el 10 de octubre de 1923 en
el balneario de Ancón.
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