DANIEL ALCIDES CARRION
1857 - 1881


En una modesta casa con techo de paja, en Cerro de Pasco, nace Daniel Alcides Carrión un 13 de Agosto de 1857, hijo natural de Baltazar Carrión Torres, médico, abogado y diplomático ecuatoriano exiliado en el Perú y de doña Dolores García Navarro, huancaína

A los trece años se traslada a Lima para matricularse en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, de donde egresa en el año 1875. Luego ingresa a la facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ya en plena guerra (1880), ingresa a la Facultad de Medicina.

Debido a la ocupación del local por las fuerzas invasoras, la vida universitaria es detenida, pero secretamente, los profesores reúnen a los estudiantes en sus domicilios para impartirles lecciones teóricas, realizando algunas prácticas de Química en el laboratorio del Colegio Guadalupe. Aunque la cruenta guerra del 79 estaba en toda su virulencia, él no se amilana y a la vez que estudia en San Fernando, en 1881 concurre al rente de batalla con otros compañeros para integrarse a los puestos de socorro como camillero, prestando ayuda a los heridos.

La obra médica de Carrión comienza a mediados de 1881, cuando deseoso de contribuir a la formación de la patología nacional, escogió como tema de sus investigaciones la verruga, enfermedad endémica en algunas quebradas del interior del país, cuyas causas no eran bien conocidas.

Cuando Daniel, ese estudiante nativo segregado de los cenáculos académicos que aparecieron con el deseo de contribuir a la reconstrucción post bélica, recibió la noticia que había un concurso organizado por la prestigiosa Academia Peruana, para premiar a quien demostrase la causa de la verruga Peruana, una enfermedad endémica circunscrita a los templados valles internadinos y que producía, ocasionalmente, graves y mortales trastornos.

Alcides Carrión veía de cerca el sufrimiento de sus paisanos y luego de los ferrocarrileros, Carrión se presenta al concurso, en parte decidido porque dos meses antes había visto impotente, cómo su gran amigo Abel Orihuela moría a manos de la fiebre maldita; y en parte porque el médico chileno Vicente Izquierdo, patólogo, quería también demostrar la unidad de las enfermedades llevándose muestras de exudados (líquidos extravasados) a Chile para ser analizados al microscopio, ya que en Lima no existían aún. Enfermo ya Carrión chancearía: "Nos han ganado la guerra de las tierras, pero no la de las ciencias"

No obstante tener una año más para presentar el trabajo. Carrión se adelanta al chileno y el 27 de agosto convence al jefe de Servicio de la Sala "Nuestra Señora de las Mercedes" en el Hospital Dos de Mayo y se inocula exudado extraído de la verruga de un muchacho de 14 años con nombre de mujer; Carmen Paredes. Terminan la inoculación, el doctor Chávez y sus entrañables amigos Julián Arce y José Sebastián Rodríguez.

Carrión es consciente de que el proceso es mortal, pero fue su espíritu sensible que hizo que se inocule el virus de la verruga para observar y anotar los síntomas con rigor científico. Tres semana más tarde el 17 de setiembre, surgen los primeros síntomas, un dolor en el pie izquierdo y malestares generales. El día 27, ya no puede escribir, les pide a sus compañeros que continúen escribiendo por él. Carrión llega a la Maison de Santé con solo 600 mil de los 5 millones de glóbulos rojos que debía tener según recuento hecho por el Dr. Ricardo L. Flores, médico que trajo al Perú el primer microscopio, la primera máquina de escribir y de paso e primer automóvil.

Se le practica la primera transfusión realizada en el medio; pero de nada serviría; el mal ya no tiene remedio y Carrión camina hacia la inmortalidad. Al atardecer del 5 de octubre entra en coma y a las 11 y media de la noche expira para volver a amanecer magnánimo, inmortal.

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