FRANCISCO BOLOGNESI


Francisco Bolognesi, nació en 1816, fue hijo de don Andrés Bolognesi Camparello, viloncelista genovés y director de Orquesta, italiano residente en el Perú, y de la dama arequipeña doña Juana Cervantes. Habiéndose trasladado de corta edad a Arequipa, se educó en el Colegio Seminario de donde egresó para dedicarse al comercio debido a la temprana muerte de su progenitor.

Se dice que en 1840 presenció la lucha que se libró en las afueras de Arequipa entre castillistas y vivanquistas; otros aseguran que militó en las filas de Castilla en dicha contienda, y hasta cuentan que una bala le mató su caballo y otra le voló el sombrero.
En 1853, debido al conflicto de Colombia ingresó como voluntario a la Guardia Nacional, siendo designado segundo Jefe de un Regimiento de Caballería. Desde entonces es que se inició su carrera militar. Al año siguiente es ya Teniente Coronel y Segundo Jefe del batallón Libres de Arequipa, así como Comisario General de las tropas castillistas y Ayudante de Campo del propio Presidente Castilla. Como Comandante del Escuadrón Volante y Primer Jefe de la Brigada de Artillería, participó e al asalto de Arequipa en marzo de 1858, siendo herido en tal acción. Esto le valió su ascenso, concurriendo con tal grado, en 1859 a la guerra con el Ecuador.

En 1860, el Presidente Castilla le envió a Europa a comprar armas, regresando dos años después con 54 cañones, la primera artillería rayada que tuvo el Perú. Estaba en situación de retiro cuando estalló la guerra con Chile, entonces, no obstante de contar con más de 60 años, se reincorporó al servicio destinándosele al ejercito del sur, con él asistió al mando de la Tercera División al desastre de San Francisco y al victoria de Tarapacá, en a que tuvo destacada actuación, a pesar de encontrarse enfermo. Luego marchó al puerto de Arica, cuya defensa se le confió para la gloria del Perú, donde el 7 de junio de 1880 al mando de un puñado de peruanos valientes defendió con bravura y coraje la dignidad nacional y se inmoló por la patria con decoro y extraordinario heroísmo,, brindando a la posteridad un maravilloso ejemplo de patriotismo y cumplimiento del deber dejando como hermoso legado aquellas memorables e inolvidables palabras que como respuesta diera nuestro héroe al chileno Mayor Salo enviado del General Baquedano, las que han quedado grabadas en el corazón de todos los peruanos indeleblemente: "Tengo sagrados deberes que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho".

Por todos sus merecimientos, sus condiciones de militar pundonoroso, de ser vivo ejemplo de patriotismo y de su elevado concepto del cumplimiento del deber ha sido designado como Patrono del Ejército que lo tiene como luz y guía de todos sus actos.

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